Silvino Vergara

La fábrica de leyes

“Los legisladores y los poderes políticos salvan su responsabilidad mostrando su pobre mensaje en el boletín oficial”

Eugenio Raúl Zaffaroni

Estas épocas de crisis social, económica, jurídica, cultural, y sobre todo política en el mundo -de ello nuestro país no esta exento-, representan una estupenda oportunidad para que los Estados y sus instituciones se fortalezcan, es decir legitimen su poder ante la población, para ello cuentan en la actualidad con un sinnúmero de elementos, medios y oportunidades para llevarlo a cabo, la implementación de políticas publicas que vayan encaminadas a la protección de los derechos de los gobernados, es la finalidad principal con que debía de contar un Estado, sin embargo, pareciera que el rumbo que se ha tomado es otro, esto es, un camino equivocado, en donde para la población esta la ley y para la autoridad la dominación, para el gobernado las prohibiciones a través de los delitos, y para la autoridad la discrecionalidad por medio de las dadivas, para el pueblo la represión, y para el Estado el exceso.

Hoy, la función del Estado se ha reducido con la simple creación de leyes, reglamentación, normatividad en general, para engrosar las funciones del Estado, y principalmente justificar su existencia, y de vez en cuando aplicarlas. En la actualidad tenemos en México un ejemplo muy claro, si observamos que, a partir del año de 2008 localizamos una serie de modificaciones y reformas al sistema jurídico, partiendo de la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos, que van desde la reforma penal, la que corresponde a los derechos humanos, el juicio de amparo, laboral, Estado laico, de seguridad social, telecomunicaciones, energética, de seguridad pública y lavado de dinero, electoral, económica, pero sobre todo la Hacendaria, a lo que le denomina el Profesor de la Universidad de Buenos Aires Carlos María Cárcova: “diarrea legislativa”. (CÁRCOVA, Carlos María, “La opacidad del derecho”, Editorial Trotta, Madrid, 2003) La reforma fiscal, en particular, ha representado, por un lado, un desanimo del simple ciudadano para seguir adelante en sus actividades económicas, y por su parte, la autoridad, en tanto, intenta planear el futuro, por lo pronto, crea leyes, es decir, una serie de normatividad que pareciera que no es eficaz y menos aun que se cumpla, como lo sostuvo Gabriel García Márquez: “El Estado es una institución sometida al capricho de los gobernantes más que a la ley” (GARCÍA, Márquez, Gabriel, “El otoño del patriarca” Bogotá, 1980) toda esta maquina de hacer leyes se fortalece, sin importar para el legislador si se cumple o no con esas disposiciones, por su parte, el Ejecutivo, justificando su existencia sin cumplir cabalmente con la norma, por dos razones, primero por la falta de entendimiento de la misma lo que se debe a la ausencia de claridad de ésta y segundo, sin la fuerza o el brazo suficiente para obligar a todos los involucrados a cumplir con ella. Por último, el Poder Judicial, que ocasionalmente conoce de un asunto, menos de una injusticia, pues el índice de asuntos que llegan a las manos de los jueces y tribunales es muy pobre, y que en gran parte los tribunales se encargan de desestimular ese acceso a la administración de justicia, bajo medidas cautelares que son propiamente amenazas veladas al justiciable, y por su parte, con formalismos extremos, con lo cual conocen la mitad de los asuntos que se les presentan. En resumen, cita el escritor Colombiano Mauricio García Villegas; “El Estado es tal vez el primer incumplidor del país. Expide normas que no cumple, hace cosas que no están autorizadas en ninguna ley o simplemente cumple a medias.” (GARCIA, Villegas, Mauricio, “Normas de papel” Siglo del Hombre Editores de justicia, Bogotá, 2009)

Y después de tantas leyes, están las modificaciones o reformas a las mismas, que permiten que no se conozca ni la ley anterior, ni la posterior, al final no se sabe cual era la aplicable, por lo cual el principio de seguridad jurídica que establece la denominada “estabilidad” de las normas jurídicas (VERGARA, Nava, Silvino, “Clasificación de las Violaciones de Fondo y de Forma de las autoridades fiscales” Escuela Libre de Derecho de Puebla, Puebla, 2013) ha sido olvidada en la posmodernidad, pues en estos tiempos que no hay planeación, que lo importante es el hoy, que el pasado se fue, y el futuro posiblemente no me tocará, ha representado que el Estado ante el problema laboral, hace una ley, ante el problema ecológico hace otra ley, ante el problema de seguridad pública crea delitos en una ley, ante la falta de recursos inventa contribuciones, sube impuestos, o exige más cobro de derechos, sin considerar si es que se aplicará o no plenamente ese repertorio de leyes. Es la forma más triste en considerar que el Estado esta cumpliendo hoy con sus obligaciones, cita el polaco Z. Bauman: “En la vida “ahorista” de los habitantes de la era consumista el motivo del apuro radica en el apremio por adquirir y acumular… la necesidad de eliminar y reemplazar…” (BAUMAN Zygmunt “Vida de Consumo”, Fondo de Cultura Económica, México D.F., 2013) Lo cierto es que, adquirimos, acumulamos, eliminamos y remplazamos leyes, sin importar si se aplican o no, evidentemente el Estado es hoy, toda una fábrica de Leyes.

Silvino Vergara Nava

Silvino Vergara Nava

Doctor en Derecho por la Universidad Panamericana, y la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Litigante en materia fiscal y administrativa. Profesor de Maestría en la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla, la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla y la Escuela Libre de Derecho de Puebla.
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Doctor en Derecho por la Universidad Panamericana, y la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Litigante en materia fiscal y administrativa. Profesor de Maestría en la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla, la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla y la Escuela Libre de Derecho de Puebla.

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