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En Octubre de 2003 tuve la oportunidad de escuchar el discurso que pronunció el Mtro. Arturo Diaz Alonso cuando recibió el premio como Profesor Distinguido, que otorga el Instituto Mexicano de Contadores Públicos en su Asamblea Convención Anual, puedo decirles que sin duda fue el momento más memorable de ese evento.
Al salir de la ceremonia de premiación le pedí al Mtro. Diaz Alonso una copia de su discurso y le di mi correo electrónico, unos días después recibí una copia del discurso y me pareció uno de los mejores obsequios que he recibido en mi vida. Considero que es una pieza de oratoria que debe ser difundida por lo profundo de su mensaje y por la importancia de su contenido. Conocimiento puro. A continuación el contenido de tan importante mensaje no sin antes volver a agradecer al Mtro. Arturo Diaz Alonso su generosidad al entregarnos este bello mensaje: Queridos colegas: 1. Estoy aquí para hablar ante ustedes por el reconocimiento que, como Profesor Distinguido, me da el Instituto Mexicano de Contadores Públicos, nuestro Instituto, por mi labor académica. De sobra está decir que me siento muy honrado de que una gran y prestigiada institución, como ésta, diga pública y solemnemente que lo he hecho bien en mi labor profesional. Que los iguales lo reconozcan a uno es un gran honor porque son los mejores conocedores y los más duros jueces. Un reconocimiento de nuestro IMCP tiene una gran validez por su historia, por su prestigio y porque lo han recibido muy distinguidos maestros anteriormente. 2. Es importante para mí hablar frente a un auditorio inteligente, ilustrado y de colegas. La tradición impone que en este acto haga una pieza oratoria llena de declaraciones personales y de confesiones, no queda más camino que hablar de uno mismo y de sus convicciones, lo que si se hace de vez en cuando, puede no ser de mal gusto. Me gusta mucho hablar en público, procuro hacerlo con cuidado y respeto porque como contador nunca debo perder el control. 3. Hace muchos años descubrí, por primera vez, una frase que me deslumbró, después supe que era de Terencio: hombre soy y nada humano me es ajeno y todos los días la descubro nuevamente. Es una frase de una gran humildad y al mismo tiempo una afirmación soberbia; libera y compromete a la vez. Quiere decir que por mi vida puedo conocer la vida de todos los humanos, que en mí están todos ustedes, que nosotros somos yo. Que en cada ser humano, en cada hombre, en cada mujer están y conviven el santo, el tirano, la prostituta, el miserable, el caníbal, el burgués, el avaro, el pensador, el solitario, el mundano, el tramposo, el generoso. el ignorante, el asesino, el traidor, el loco, el anarquista, el artista. Nada que sea humano me es ajeno, como son ajenos los volcanes o los mares o las amibas, a ésos no los tengo en mí, aunque compartamos los elementos, la materia, el planeta. Para entender la vida y para entender a los demás, tengo que entenderme a mí y aceptar mi humanidad. Soy lo malo y también lo bueno de toda la humanidad, por eso puedo exigir y exigirme un esfuerzo de superación. 4. Por lo tanto, hablaré de mi vida profesional bajo el supuesto de que es cualquier vida y de que mis búsquedas son las de muchos. Soy hombre libre y creo en la felicidad, pero vivir es difícil. Amo profundamente a esta profesión, pero no encuentro a muchos que sientan el enamoramiento permanente de la vocación por la contaduría pública. Estudiamos esta carrera por necesidad, por comodidad, porque parece fácil y productiva cuando esta uno afuera, aunque no lo sea en la vida cotidiana. 5. Después de mucho batallar, encontré mi lugar en la educación y muy concretamente en la UNAM e hice así una síntesis de mis intereses. Nunca me sentí interesado en la medicina, en la química o en los deportes que, en mucho, se me facilitaban. Desde que nací he vivido interesado y abocado al humanismo y lo digo sin sentir que eso sea mejor o peor que otras disciplinas. Mi vida intelectual empezó en mi casa desde que nací y mis tres hermanos estaban en plena juventud, tuve la suerte de vivir mi infancia entre cinco adultos, inteligentes y cultos. Les he pedido a mis hermanos que estén en esta ceremonia, no sé si querían venir, sé que yo quiero que estén aquí para agradecerle a la vida que me los dio. Bendigo a la suerte que me dio un padre sin éxito económico, pero muy desarrollado pensador; una madre inquieta que de todo sabía; unos hermanos brillantes y una mesa en el comedor de nuestras dos casas sucesivas de la Colonia Juárez, alrededor de la cual comíamos juntos, conversábamos de nuestro trabajo y escuela. Todos teníamos un lugar y discutíamos, aunque yo fuera el pequeño mandadero de todos, en la mesa era yo un inquieto, preguntón y leidísimo intelectual que podía hablar de lo que le decían en la escuela y de lo que había leído en los libros, discutir y hablar de temas que fuera de la mesa eran, algunas veces, censurados. 6. Infancia es destino. A pesar de las muchas mesas de intelectuales en que he estado, ninguna me ha sido tan productiva como aquélla del comedor de la calle de Lucerna, números 4 y 38. Con nosotros comían Julio Verne, Vasconcelos, hablábamos del Quijote, de la Divina Comedia, de Víctor Hugo, aprendí raíces mayas y latinas los sufijos ico, ario, los prefijos pre, el privativo a, del significado de la palabra anosmia, la precisísima palabra perech (que en español podría ser mal traducida como apenitas), la diferencia entre tuch, tux y tuux, conocí el arte clásico, el renacimiento y el neoclásico, lo que en esos momentos representaba el neorrealismo en el cine, las razones para apreciar la belleza del caballito de Tolsá, que entonces se decía Tolsa, no había un niño más rico que yo. La comida siempre fue tratada como lo que es: alta cultura, por lo tanto, había reglas ineludibles como que la nogada no puede llevar más que purísima nuez y que en ella el queso es herejía; que los papadzules, a pesar de su pobre origen y humildes ingredientes, son comida de tzules; se hablaba de amor libre, de drogas, de París, se analizaban comparativa y documentadamente las capacidades de Fernandel, Chaplin y Cantinflas, de los escándalos de Diego Rivera en su domingo en la alameda, de la muerte de Frida, de la boda de Jorge y María, de la muerte de Jorge, de crímenes célebres, del suicidio de Miroslava. Mientras, la Callas era mía y cantaba para mí en un pequeñito tocadiscos lo que Verdi había compuesto para que me lo cantara. Alfonso me enseñó a Einstein, a la Curie, a Edison, la maravillas del polietioleno y de Pérez Prado; Margot me enseñó francés, ortografía, a siempre acentuar las palabras y análisis gramatical; Lilí me hizo envidiar sus dibujos, su letra maravillosa, su alegría de vivir y fue la que me recomendó que estudiara contaduría pública, aunque yo no quisiera. Esos padres y esos hermanos me exigían estar a la altura y yo aprendí a buscar en mis libros y a ir a la Biblioteca Franklyn y a la México toda la tarde. Me estimularon diciéndome que era yo inteligente, como ellos, y desde entonces lucho por sostenerme entre la seguridad de que lo soy y el temor de que se note que no. Después de la plática cantábamos lo que Alfonso tocaba en la guitarra, ahí conocí las viejas canciones mexicanas que hoy recuerdo con precisión absoluta, supe que existían Alfonso Esparza Oteo, María Greever y Jorge del Moral. Desde luego en esas sobremesas (bellísima palabra) siempre querían estar Agustín, Gardel y José Alfredo. Nicolás Urcelay era mi primo y me enamoré y sigo enamorado de María Rojo que ya era calificada de talentosa. No recuerdo que hayamos tratado temas banales, que hayamos hablado de modas o de ropa, hasta hoy sigo pensando que la gente elegante ni es elegante ni es muy inteligente. 7. Bendigo a la escuela pública, y a mis cultos y hasta culteranos maestros y compañeros, afortunadamente no había para otra, mi preparación escolar era mejor que la de mis parientes a los que, con enormes sacrificios, se les enviaba, clasistamente, al colegio, yo iba simplemente a la escuela. Hasta mi formación religiosa, que todavía hoy no practico, es mucho mejor. Toda esa vida intelectual me hizo solitario, parte de mi personalidad que mucho quiero. Siempre fui un buen alumno y mis calificaciones siempre han ido en ascenso, sólo bajaron cuando empecé a trabajar hace ya cuarenta años. 8. Trabajar. Lo único que le puedo reprochar a mi familia y a la escuela es que me hicieron demasiado responsable o tal vez, para decirlo en mexicano, apurón o apuralón, más de lo debido, para mí lo más importante es el trabajo, tal vez lo único importante y eso no es correcto. 9. Trabajar. Las ciudades destruyen las costumbres dice José Alfredo y, como siempre, dice bien. Coincidió que al entrar yo a la FCA, también nos fuimos a una, entonces, lejanísima casa en Jardín Balbuena que, con grandes sacrificios, había comprado Margot. Se acabó la mesa intelectual, la comida juntos y la cantada, todos nos la pasábamos en el camión porque el metro no existía. Se acabó mi paraíso intelectual, los estudios de la FCA comparados con los de mi adorada Prepa 5, en la que Napoleón y Julio César eran mis compañeros, eran aburridos, simplones, poco estimulantes, demasiado facilitos, no había para qué echarles ganas. Conocí desde el primer día de clases y conservo espléndidos amigos como Vilma Cámara que ahorita está en París. En la FCA me volví sociable, muy sociable y desde entonces oscilo entre las multitudes apetecibles y la soledad sabrosa. 10. El primer año en la FCA aparecí en el Cuadro de Honor, por mis buenas calificaciones; el segundo fue terrible, sentía que perdía el tiempo, dudé de continuar mis estudios para ser CP y hasta quise ser dominico, pero mi natural ateísmo y la Virgen de Guadalupe me dijeron que no había dinero que me lo permitiera, y yo quería ganar lo suficiente para mantener a mi familia. Afortunadamente llegó un tercer año luminoso de maestros brillantes, la gran clase de Contabilidad de Sociedades de Manuel Resa, el maestro Resa, esa clase de sociedades fue tan importante para mí como la de Metafísica con Eduardo Nicol en la Facultad de Filosofía, años después. He tomado cientos, tal vez miles, de clases y he llegado a tener grandes maestros en mi vida, ninguno como esos dos. 11. Trabajar. Desde 1962 empecé a trabajar en despachitos, a tener dinero y la vida se volvió una maravillosa y dura realidad para mí, por primera vez sobraba un poco de dinero en mi casa. A cambio de mi vocación humanística la UNAM me permitió, con el tiempo, estudiar otras dos carreras en las espléndidas Facultades de Arquitectura y de Filosofía y Letras. 12. Trabajar. Desde que entré a la FCA, soñé con trabajar en el Despacho Casas Alatriste, no sé en que momento oí hablar de él por primera vez ni la razón de mi atracción, Mario Espínola que era adjunto del maestro Resa me propuso chambear en el despacho, acepté de inmediato y deje un trabajito bien pagado. En DERCA aprendí auditoría, teoría contable, tuve la oportunidad desde muy joven de ser el responsable de la auditoría de empresas grandes e importantes. Hice una buena tesis sobre principios de contabilidad, y tuve además de Resa, que era el jefe, a dos espléndidos modelos: Hugo Lara y Raúl Robles, que de veras se preocupaban por nuestra formación y por darnos buen ejemplo en lo técnico. La honestidad era consustancial al trabajo, no había consejos morales, no había necesidad de un código de ética, había práctica moral. Teníamos un magnífico ambiente de camaradería y buena voluntad. Entré junto con Felipe Pérez Cervantes, Francisco Rojas, Lalo Montaño y Pinjos Rozenel que en paz descanse, enorme tipo. Éramos muy buenos auditores, trabajábamos todo el día y todavía me di el lujo de ser presidente de mi generación y luchar por defender al doctor Chávez, cuya caída la originó un viento que sopló de no sé que desierto, como él mismo dijo. En esos tiempos nació mi relación fraterna con Alfredo Adam y Ricardo Parra. 1968 no fue para mí, ya tenía yo 23 años y estaba viejo para ser estudiante tenía que trabajar. 13. Trabajar. En 1971, después de casi siete años comprendí que la auditoría no era para mí y me fui a trabajar al Colegio de Contadores Públicos de México en donde permanecí tres años y profundicé mi amistad con Carlos Pérez del Toro, un ser humano de primera. Ahí nació mi relación con Armando del Barrio, Javier de la Paz, Héctor Vargas y mi hermandad con Jorge Barajas. 14. Trabajar. A pesar de que me iba muy bien en el trabajo yo no estaba contento. Encontré mi refugio intelectual en la docencia que me permitió realizar muchas vocaciones que me gustan: dar clase, investigar, dirigir a los demás. Empecé desde 1967 cuando fui adjunto de Arturo Elizundia que no pudo seguir con la materia y quedó un maestro que nunca iba y fue lo bueno para mí, dar clase era natural, era facilísimo, preparaba yo mi clase con habilidad profesional. Sentí que hacia un trabajo de muy alta calidad, satisfactorio y lo hacía sin pretensión. 15 Trabajar. Por eso cuando se presentó la oportunidad de irme a la FCA con el maestro Resa que acababa de ser nombrado director en un momento particularmente difícil acepté de inmediato. Pronto el maestro Resa me nombró Secretario Académico y ya llevo treinta años en los que he tenido muchos puestos directivos, fui secretario de Alfredo Adam y de José Antonio Echenique y hace seis años llegué a director. De todas mis labores las más trascendentales son haber formado la División de Investigación que es ejemplar y haber fortalecido en gran medida a ANFECA y a ALAFEC. 16. He sido profesor de contabilidad muchos años y muchos directivos de grandes despachos y presidentes del IMCP y del CCPM fueron mis alumnos. Ahora doy Ética de los Negocios y lo hago con mucho gusto, pero con la seguridad de que estoy capacitado por el mucho tiempo que he invertido en la Facultad de Filosofía, no soy un improvisado, pero es muy difícil la formación ética de los alumnos. Analizamos, desde el punto de vista ético, películas de Buñuel, novelas de Flaubert, puedo hablar de cronopios, de Rayuela, de Raskolnikof y de los deseos de Almodóvar. Pero para llegar a esto paraíso la vida ha sido muy dura. 17. Algunas otras vocaciones me han marcado: estuve en la Congregación Mariana aguantando al padre Pérez del Valle, a pesar de mi ateísmo natural la religión es importante en mi vida como le pasó a Buñuel; por mi amor a la Ciudad de México fui presidente del Consejo Consultivo de la misma; he trabajado en la televisión; amo los libros y están en mis más reconfortantes sueños, los sé manejar y me gusta leer por placer y por deber, conozco la obra completa de Cortázar, de García Márquez, de Rulfo, he leído con fruición las novelas rusas y francesas del siglo XIX; he escrito muchos artículos, pero sólo un pequeño libro. Amo el cine, ha sido una forma de expresión de mi vida de mi ser, por eso amo a Buñuel y conozco toda su obra, como lo he hecho con la de Welles, Kubrik, Bergman, Fellini, Alejandro Galindo, Hitchcock y hasta he hecho alguna peliculita. Amo la música, a Mozart y a Beethoven, la Callas me gusta cuando dice questo popoloso deserto q´apellanno Parigi, del inmenso José Alfredo admiro las palabras cuánto me debía el destino que contigo me pagó y qué tiene Agustín que no sea friolento, travieso, amargo y dulzón; el tango, el bosanova y la opera suenan todo el día en mi casa. Amo los viajes, creo que demasiado, hasta he desayunado en Tyffany´s. 18. Pero amo más las palabras habladas que no se pueden reducir a imágenes y estoy convencido como dijo Gonzalo Celorio que una palabra vale más que mil imágenes. Quien podría reducir a imágenes las palabras miseria, guerra, mientes, traición, ternura, hastío. La palabra cristal es cristalina, la palabra horror es horrorosa, la palabra malgré es a pesar de todo; la palabra cursi, es cursi. Hay palabras mexicanas maravillosas: dobles para enfatizar luego-luego, lo caidocaido, esdrújulos prodigiosos como prángana, méndigo. No se puede pensar sin palabras y la civilización es palabra. No uso, no sé usar, no voy a usar los retroproyectores ni los cañones. Nunca he visto una clase audiovisual de veras buena por muy contentos que se sientan los alumnos y hasta crean que aprenden. A pesar de esa resistencia están de moda y hay que comprarlos para la facultad. Si la palabra no convence, nada puede convencer. He leído a Horacio y a Lincoln y he escuchado con veneración a dos grandes oradores: Ignacio Chávez y Fidel Castro, que son además los hombres más inteligentes que he conocido. 19. Toda mi vida he trabajado mucho, he tenido grandes responsabilidades que he sacado adelante. Como Borges, a veces me olvido de ser feliz. He sufrido las crisis importantes de la UNAM desde la caída del Doctor Chávez, uno más de los delitos de Díaz Ordaz, hasta la huelga de 1999. Trabajo mucho, pero nunca he ganado mucho dinero, ni la auditoria, ni el colegio, ni la docencia pagan bien. Soy un profesional de la educación y mi único ingreso ha sido, prácticamente, durante los últimos treinta años el de la UNAM. No tengo despacho, trabajo ni aviaduría ni las quiero. La única vez que gané un gran sueldo fue en RTC que fue como un viaje de primera al infierno. Aunque necesitaba dinero nunca he querido ser un hombre acaudalado. 20. Quien crea que la docencia y la administración de una facultad de la UNAM son fáciles, no sabe lo que dice, es endemoniadamente difícil, se tiene una gran autoridad, pero la responsabilidad es inmensa, inhumana, si no fuera por al solidaridad del grupo de alumnos, trabajadores y maestros, y la posibilidad de generar recursos extraordinarios, los más altos de la UNAM, sería imposible. 21. No quisiera quedarme sin decir en un foro como éste mis convicciones acerca de la universidad y la carrera de CP. Para elevar la educación necesitamos pagarle mejor a los maestros y a los investigadores son indispensables para cualquier sociedad. Actualmente en la UNAM los maestros de tiempo completo y los funcionarios, después de muchos años, llegamos a tener un ingreso adecuado gracias los estímulos y las prestaciones, pero financiamos la educación con bajos sueldos, sobre todo, los de los maestros de asignatura. 22. La universidad no está hecha para crear empleados para las empresas sino para darle a la sociedad profesionales de alto nivel que precisen y diseñen el camino por donde debe ir la sociedad, los individuos y las empresas. Las universidades públicas, por lo tanto, deben ser gratuitas, ya que no son academias comerciales adonde cualquiera llega a prepararse para un empleo. La universidad pública existe en cualquier sociedad que se respete y es gratuita en cualquier lugar civilizado. La idea de privatizar la educación es reaccionaria y dañina, si se trata de gastar menos en la educación se traiciona a México. 23. Nuestra profesión es muy importante para la sociedad, tanto como la medicina. Somos los responsables de que el dinero se maneje bien, pero nosotros mismos, los contadores, no entendemos esto como sublime como grandioso. Si hay algo grave en los recientes escándalos financieros de los Estados Unidos es que muchos de ellos fueron hechos cumpliendo con una normatividad demasiado amplia y confusa, una verdadera selva normativa adonde como es de esperarse priva la ley de la selva. Para crecer hace falta investigar que es buscar lo desconocido, no imponer leyes y reglitas sino sacar de la realidad de las finanzas las reglas que verdaderamente las rigen. Tenemos que ser más científicos, más definidos, más humanistas. 24. Hay que fortalecer la formación humanística y científica de las nuevas generaciones y por eso estamos preocupados de impartir cursos de ética, de metodología de la investigación, de historia del conocimiento científico. Si el estudio de nuestra carrera parece aburrido es que lo es y hay que corregirlo, hay que fortalecer las vocaciones de los alumnos del bachillerato, hay que ser más rigurosos con nosotros mismos. 25. Finalmente quiero decir que el mundo anda mal y eso nos tiene a todos angustiados; en estos momentos se confunde la libertad con la droga, la revolución con la insolencia, la democracia con la ética y la justicia con la impunidad. Cualquiera habla de valores creyendo haber descubierto un filón maravilloso. La destrucción de las torres gemelas acabó con muchas vidas y borró para siempre un el bello sky line de Manhattan, auténtico patrimonio de la humanidad, temo a los terroristas, pero temo más a Bush por los destrozos que hizo en la tierra donde empezó la civilización y, desde luego, temo más a quienes justifican a cualquiera de los dos igual de brutales y de justicieros en nombre de un dios que oculta sus crímenes. 24. Odio el mito contemporáneo de la globalización como cualquier persona decente, porque lo aceptamos acríticamente y lo usamos para justificar cualquier derrota. Me ofenden los anuncios de televisión que dicen que los mexicanos somos corruptos y afirman honestamente lo necesitamos ¿quiénes?. Me siento mexicano – mexicano, amo a Diego Rivera, a Orozco, al Indio Fernández, al tequila, a mi tierra de magueyes, quiero a México a su música. Amo la cocina mexicana y sueño con hacer un conservatorio de la cocina mexicana, es tan grande nuestra tradición culinaria que entre el buen pato laqueado y las buenas carnitas, cuando ambos son excelsos las carnitas ganan, entre el foie gras y los papadzules cuando son de primera ambos, ganan los papadzules, entre buen tequila blanco y el gran whisky de malta, hay que quedarse con los dos. 25. Un último detalle, este premio que hoy recibo yo se lo propuse a Humberto Murrieta, entonces presidente del IMCP, cuando yo era presidente de la Comisión de Educación del IMCP. Ni él ni yo pensamos entonces que yo lo recibiría algún día. Me recuerda, en alguna forma lo que dice el enorme Julio Cortázar: todo ocurre dos veces. 26. Este premio lo han recibido ilustres directores de mi FCA: Resa, Elizundia, Adam, Castillo Miranda, Ochoa Ravizé, yo lo recibo durante mi gestión lo cual es un gran privilegio que ellos no tuvieron; además han sido acreedores a él amigos tan respetados por mí como Juan Salles, Armando Ortega, Jaime del Valle, Carlos García Sabaté, Ricardo Mora Montes, espléndida nómina que desafortunadamente no he podido tener completa. 27. Gracias a la Junta de Honor que me otorgó este premio y a los que me propusieron, lo comparto con todos los maestros de la FCA que han hecho que sea una gran institución. Este premio vale mucho para mí porque me lo da el IMCP, cuya historia es de grandeza, si me ha considerado digno de recibirlo no puedo sino decir que si lo he aceptado con satisfacción, prometo que lo llevaré con honor. Mtro. Arturo Díaz Alonso Cancún, Q. Roo, 22 de octubre de 2003 Imagen: ciberprensa.com |