Este verso inédito, escrito en 1991, es una reflexión que hice sobre el mundo que legarÃa a mis hijos ante la grave destrucción ecológica.  Mi primer hijo nació en 1996 y el segundo en 1998, hoy les dedico este verso a ellos, a sus primos, a Daniela y a sus amigos del Éxodo Mar Rojo, para que sigan con su lucha por cuidar nuestro ambiente.
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Por un niño
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¿Qué pasarÃa, me pregunto,
si las aves y sus trinos,
y sus vuelos peregrinos
se murieran de repente?
¿Qué harÃamos si en nuestro ambiente
no pudieran habitar?
¿A quién oirÃamos cantar?
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¿Y qué pasarÃa si un dÃa
a esos árboles frondosos
que se yerguen majestuosos,
no pudiéramos mirar?
¿Qué sombra podrÃa albergar
a los que en ella, sentados,
se encuentran enamorados?
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Si en el cielo las estrellas
no pudieran asomarse,
¿Cómo alguien podrÃa inspirarse
para decirle a quien ama
que la luz que se derrama
por su sonrisa, tan bella,
parece luz de una estrella?
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He visto a niños pintando
cielos de gris, no de azul,
y he visto de norte a sur
aguas, antes cristalinas,
y basura en las esquinas
de esta ciudad que me gusta,
y todo eso me asusta...
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Yo no querrÃa que mis hijos,
niños que aún no han nacido,
sepan de algo que, extinguido,
les contemos fue precioso,
como el bosque prodigioso
que alberga a tantas criaturas
e inspira mil aventuras.
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Hiela a mi sangre pensar
que un dÃa hablemos en pasado
de las cosas que han llenado
nuestras vidas desde niños,
como los dulces cariños
del aire limpio al pasar
o como el azul del mar.
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No sé cómo les dirÃa
que en donde antes hubo flores
de aromáticos colores
adornando nuestras casas,
ya sólo hay grises ventanas,
sólo una gris avenida
y ciudades ya sin vida.
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No quiero que eso suceda,
¡hoy me pondré a trabajar!
voy un árbol a sembrar
para que el dÃa de mañana
pueda oÃr cómo es que emana,
desde el árbol ya crecido,
la risa de un niño mÃo
que sea feliz por mirar
lo que, por él, desde hoy cuido.
Gustavo Rosas Goiz (c) 1991
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