Desde chicos en la escuela nos enseñan que tenemos que hacer fila para ir de un salón a otro, al patio o al auditorio. Normalmente las filas siempre se hacen de menor a mayor estatura, y asà como los más bajitos gozan del privilegio de ser los primeros, los más altos están muy orgullosos de estar al final de la fila por su gran estatura. Cuando empieza un ciclo escolar la maestra es la encargada de dirigir a los alumnos para que cada uno tome su lugar indicado y con el paso de los dÃas, cada uno sabe cual es su lugar en la fila, ya sabes atrás y adelante de quien vas y es más fácil formarse. Lo más emocionante es poder ir ocupando un lugar cada vez más atrás de la fila, porque eso significa que estás creciendo.
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Puedo recordar que a lo largo de mi vida escolar estuve casi siempre de la mitad hacia atrás en las filas en las que me tocó formarme, o sea que tengo una estatura promedio y un poquito más. Muchas veces tus compañeros de fila no son tus mejores amigos, pero por el simple hecho de estar unos atrás de otros, se forma una relación y cierta camaraderÃa. De cualquier manera el lugar que ocupas en la fila dependiendo de tu estatura no es algo que puedas cambiar a tu antojo, ya que depende de la carga genética, la alimentación y la salud de cada individuo. Nunca me tocó ser la primera ni la última, y estoy conforme con ello.
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Existen otro tipo de filas en las que uno debe formarse: para poder llegar al frente de un mostrador y que lo atiendan o llegar a la caja del banco para poder realizar algún pago; en estos casos la fila se forma conforme van llegando las personas, aquà no importa la estatura, sino el orden en que uno llega. Hay veces que conviene llegar muy temprano para poder pasar primero y en otras ocasiones llegar más tarde cuando la mayorÃa ya pasó y no tener que esperar demasiado. En la mayorÃa de los casos casi nunca se sabe, asà es que es cuestión de gustos, dicen que "no por mucho madrugar amanece más temprano" aunque no se nos debe olvidar que "al que madruga Dios lo ayuda". Lo mejor es organizarse, armarse de mucha paciencia y esperar su turno.
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Las otras filas a las que me quiero referir son aquellas en las que el lugar de cada quien depende de su desempeño fÃsico, y es precisamente aquà donde existe mayor competencia. Tengo varios años tomando clases de natación en un grupo donde las edades de la mayorÃa de los alumnos les permitirÃa ser mis hijos, y en los últimos 3 años he vivido experiencias muy interesantes. Lo primero es que mis 2 hijos nadan en este grupo, asà como los demás niños y niñas son hijos de amigas mÃas, con las que me entrené para correr mi primer maratón, asà es que hay lazos de amistad que nos unen dentro y fuera de la alberca. La segunda es que a pesar de la diferencia de edades, todos me llaman por mi nombre, o sea que no hay distinciones entre el TU y el USTED. Cosa que realmente no me sorprende porque hoy en dÃa la mayorÃa de los niños les hablan a los adultos por su nombre propio y los tutean sin el menor problema. El verdadero problema es que hace 3 años cuando empecé a nadar con ellos, todos eran niños de entre 8 y 13 años, por lo cual yo era más alta que la mayorÃa y tenÃa más tiempo entrenando natación debido a que compito en triatlón desde hace 8 años, motivo por el cual podrÃa decirse que era la alumna más aventajada y en algunos casos la más rápida. Con frecuencia era la primera de la fila al empezar a nadar y si a veces no lo era, no me tomaba más que unas vueltas para poder llegar en primer lugar. Pero con el paso del tiempo y a pesar de que les sigo llevando los mismos años a mis compañeros, ellos tienen ahora entre 11 y 16 años y definitivamente casi todos son más altos que yo ... y más fuertes y más rápidos, asà es que desde hace unos meses cuando empezamos a nadar, yo ya lo sé...mi lugar está al final de la fila!




















