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Un 1% de las personas que entran en quirófano escucha a los médicos
Reconozcámoslo, a muchos nos infunde respeto entrar a un hospital. Oler ese aire que todos los edificios sanitarios desprenden es motivo de angustia para unos cuantos. Pero si además acabas de entrar porque tienen que operarte, esa angustia puede convertirse en verdadero pánico. ¿Saldrá bien la operación? ¿Despertaré en perfectas condiciones? Es más, ¿conseguiré despertar después de la anestesia? O peor aún… ¿despertaré antes de tiempo? El dolor es un sistema natural de alarma que tiene nuestro cuerpo para que cuando nos exponemos a cualquier tipo de agresión, ya sea externa (un corte) o interna (infección), respondamos evitándola. Sin embargo, hay acciones que nos producen dolor pero que no son necesariamente negativas para nosotros, como por ejemplo, una operación. Es aquí donde entra en juego la anestesia, anulando la sensibilidad del sistema nervioso para que este no reaccione ante la operación avisándonos con dolor. La anestesia es un elemento tan importante y tan delicado, que en todas las intervenciones hay al menos una persona dedicada exclusivamente a estudiar y calcular la anestesia que cada paciente necesita. Para los anestesistas hay cuatro niveles de profundidad anestésica: nivel 1 o percepción consciente sin amnesia, nivel 2 o percepción consciente con amnesia, nivel 3 o percepción subconsciente con amnesia y nivel 4 o no percepción intraoperatoria. Para asegurarse de que el paciente está en el cuarto nivel, éste es monitorizado para observar si experimenta taquicardia, hipertensión arterial, hiperventilación… Aunque a veces se trata de señales tan extremadamente débiles que pueden pasar desapercibidas y el paciente permanece despierto sin que nadie se haya dado cuenta. Se estima que este suceso, denominado ‘percepción intraoperatoria’ ha llegado a ocurrir en un 1% de todas las operaciones que se llevan a cabo en el mundo. En cualquier caso, no tiene por qué resultar una experiencia traumática. Hace diez años, en un Congreso de Cirugía Pediátrica, se comentó el caso de un niño de 11 años que, tras haber sido operado de una malformación en la uretra, podía recordar la conversación que mantuvieron los médicos durante la intervención, ofreciendo datos concretos que los propios médicos corroboraron. Sin embargo, aquel suceso no había supuesto para el paciente ningún tipo de alteración psicológica en su carácter; ni siquiera sintió miedo. Es curioso que la capacidad de escucha sea lo último que se pierde cuando uno es anestesiado y la primera que se recupera en el post-operatorio. Por ello no resulta extraño que en la ‘percepción intraoperatoria’, el efecto más frecuente sea escuchar a los cirujanos. Sólo en casos aislados los pacientes han afirmado llegar a sentir el dolor.
FUENTE: muyinteresante.es
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