| Las nuevas maravillas chinas |
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La hora de descanso para los trabajadores que construyen el World Trade Center, en Pekín, inicia a las 11:45 horas. Miles de obreros con cascos salen del sitio en donde muy pronto el rascacielos de 74 pisos será el más alto de la ciudad. La mayoría almuerza en las aceras, otros se dirigen a un puesto de comida en donde un tazón de sopa de tripas cuesta 14 centavos. El señor Wang, de 51 años, originario de una aldea en la provincia de Henan, coordina al personal que instala los ductos de ventilación en los primeros 30 pisos de la torre de comercio. Muchos de quienes están a su cargo son adolescentes recién salidos de A Pekín, que alguna vez fue un paisaje plano, dominado por Los nuevos edificios de Pekín rebasan las fronteras estéticas y tecnológicas, y cada uno supera al anterior. La mayoría de los proyectos ha sido diseñada por profesionales extranjeros: los clientes chinos ansían lo innovador y buscan más allá de su país para conseguirlo, según el arquitecto Brad Perkins, fundador de Perkins Eastman en Nueva York. Durante Además, la mano de obra de bajo costo en China permite que los arquitectos extranjeros diseñen estructuras que serían muy costosas si se construyeran en sus países. Por ejemplo, la gracia linear del World Trade Center proviene de un innovador sistema de abrazaderas cruzadas que le otorga resistencia ante los terremotos y los vientos fuertes y de rejillas de vidrio tipo louver, diseñadas para aprovechar la luz solar. Pero los arquitectos de la torre, Skidmore, Owings & Merrill, también utilizaron tecnología que se puede manejar por equipos de personal que trabajan a la mayor velocidad posible. Los muros de cristal prefabricados pueden ensamblarse en lugar de tener que cortarlos a la medida en el sitio, ya que esto implicaría trabajadores más especializados. Al utilizar enormes equipos de constructores que trabajan las 24 horas del día, los arquitectos llegan a ver la terminación de proyectos en China en un tiempo notablemente corto, en tres o cuatro años. Durante siglos, los gobernantes chinos han reformado la capital para mostrar su poder y reflejar sus preocupaciones. Este mensaje se ve muy claramente en el frenesí constructor de 40 000 millones de dólares ocasionado por las Olimpíadas, la fiesta de presentación en sociedad de China. Los edificios manifiestan que este país es grande y poderoso, pero también inventivo, sofisticado y abierto. Basta ver tres de las nuevas estructuras: un estadio que parece un nido, un centro acuático semejante a un cubo de burbujas azul y la tercera es un centro para las artes con forma de huevo, grande como una manzana citadina. También está la “dona torcida,” el edificio que alberga la CCTV, la televisora estatal. Aún sin terminar, el edificio se conecta en su parte superior con secciones voladizas unidas a Los pekineses, de mente práctica, se preguntan si este edificio no se derrumbará. Una queja frecuente: muchas de estas estructuras están diseñadas para el gusto extranjero. “China no confía en sus propios diseños y la gente prefiere probar algo nuevo –observa Du Xiaodong, editor de Chinese Heritage–. Los resultados no tienen nada que ver con los edificios circundantes, y el edificio más nuevo del mundo se asienta entre algunos de los más antiguos, juntos pero como si fueran extraños”. Una de las vergüenzas de Pekín es que el auge de la construcción ha destruido la mayoría de los hutong, barrios de casas tradicionales con patios, cuyos residentes deben reubicarse para ceder el paso a proyectos que enriquezcan a los funcionarios y a las inmobiliarias locales. Pei Zhu y Tong Wu, los arquitectos que diseñaron el centro de mando digital para las Olimpíadas, son de los pocos que tratan de preservar y adaptar lo que queda de la antigua ciudad. En vez de construir sobre los barrios históricos, toman una fábrica de la época de Mao y la redecoran con patios y muros de vidrio que ofrecen vistas de la ciudad antigua. Así se restablece a Pekín como una ciudad peatonal, se equilibra lo viejo con lo nuevo, una combinación adecuada para una capital antigua en transición. En cuanto al señor Wang, quizá estará entre el millón de migrantes que habrá vuelto a su hogar o se habrá ido a otro empleo antes de que comiencen las Olimpíadas. Cuando las cámaras de televisión empiecen a funcionar, las visiones futuristas de la ciudad tendrán poco espacio para los trabajadores que las construyeron. Otra maravilla arquitectónica en puerta para FUENTE: Creative Minds Nacional Geographic: http://ngenespanol.com
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| Modificado el ( miércoles, 27 de agosto de 2008 ) |
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