Cada uno cuenta.
Platicaba con mis hijos acerca de lo ordenados y honestos que son los habitantes de ciertos paises que llamamos del Primer Mundo, el ejemplo especÃfico que citó mi hijo mayor es el de Canadá, un profesor les platicó que al estar de viaje por aquel paÃs su guÃa les dijo que podÃan dejar sus cosas en la banca de un parque mientras caminaban algunos kilómetros para ver unas cascadas, como es lógico en nosotros, los mexicanos, los viajeros se resistieron a dejar sus cosas por temor a perderlas, sin embargo no era posible llevarlas y no les quedó más remedio que dejarlas, digamos que se despidieron de ellas (como si las hubieran dejado en una banca de las grutas de Cacahuamilpa), para su sorpresa, dos horas después, cuando regresaron, sus cosas estaban completas e intactas. Recordé algo que dice Carlos Kasuga, presidente de Yakult, en sus conferencias al citar principios de la cultura japonesa, que nos aventaja en orden y respeto: “cuando encuentras algo que no es tuyo, seguramente es de alguien más”.
Yo sostengo que los mexicanos estamos formando apenas nuestra cultura, tenemos muchos aspectos positivos y sobresalientes, sin embargo cometemos un error al premiar las conductas inadecuadas como sinónimo de inteligencia, premiamos a las personas que se saltan las reglas o las distorsionan para conseguir sus objetivos, justificamos las conductas corruptas y desordenadas alegando que son la costumbre de la mayorÃa: “¿si yo cambio de qué sirve?”.
En las reuniones de amigos platicamos con pesimismo sobre nuestros problemas como sociedad: la corrupción, la impunidad, la inseguridad, la desconfianza en las instituciones y en todos los actores polÃticos, el deterioro ecológico, la desigualdad… parece que no tenemos remedio. Nos olvidamos de la fuerza que tenemos cada uno de nosotros dentro de la sociedad, los verdaderos cambios y el progreso que hemos logrado como mexicanos los hemos conseguido desde la mesa familiar, desde nuestro puesto de trabajo, desde el salón de clases, desde el vecindario y desde el pequeño cÃrculo de amigos: México avanza cuando nos ponemos de acuerdo en mantener limpio y ordenado nuestro espacio y nuestro entorno, cuando compartimos lo que sabemos sin egoismo, cuando pagamos nuestras cuentas, cuando cuidamos lo que tenemos y lo que usamos, cuando separamos la basura, cuando nos solidarizamos con las causas nobles y correctas que benefician a los menos afortunados, cuando damos un empleo, cuando cuidamos nuestro trabajo, cuando cuidamos nuestra empresa, cuando devolvemos lo que nos encontramos, cuando nos organizamos como vecinos para protegernos, cuando no desperdiciamos, cuando nos saludamos en la calle con una sonrisa, cuando respetamos las reglas, cuando le decimos al desorientado ¿lo puedo ayudar?, cuando llegamos a tiempo al trabajo, cuando somos considerados con el conductor del otro coche… cuando actuamos convencidos de que nuestro “pequeño” esfuerzo tiene sentido y contribuye a la mejora de nuestra sociedad.
Al final de la conversación con mis hijos, el mayor me dijo: “tienes razón, lo pequeño es lo que más importa, cuando fuà con mis amigos a levantar basura a la orilla de la carretera recogimos lo grande que se levanta fácil pero los papelitos pequeños y la basura pequeña no la recogimos, eso es lo que más ensucia…”
Nos toca no dejar de hacer con empeño nuestro esfuerzo individual para evitar que nuestras “pequeñas” omisiones, argumentando que no son de importancia, se conviertan en esos “papelitos” que al final son los que más nos ensucian como sociedad.
Ãnimo, juntos y con el esfuerzo de cada uno saldremos adelante.

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