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Hoy le escribo al valor…

Hoy le escribo al valor, pero no a ese valor que tienen los superheroes, ni las personas que destacan por hacer algo que la gente común y corriente jamás haría.

Hoy le escribo a ese valor que todos llevamos dentro, al valor que nos hace levantarnos todas las mañanas aunque estemos llenos de temores, al valor que nos anima a presentarnos a trabajar cuando no tenemos las mínimas ganas de hacerlo, al valor que nos permite afrontar un problema con la mejor actitud aunque estemos muertos de miedo, al valor que nos permite salir de la casa aun con la inseguridad que vivimos, al valor que nos asiste para realizar un negocio y poder llevar comida a casa.

Ese valor lo tenemos todos pero se va perdiendo poco a poco, ¿cómo? con los infortunios, con las humillaciones, con las pérdidas, con la edad, con el temor de que siempre habrá alguien más grande, más fuerte o con más dinero.

Cuando me invaden mis miedos, los temores de todo lo que vengo cargando, los problemas de dinero, de salud, pienso en ¿qué sería capaz de hacer un solo hombre?, yo lo llamo “la fuerza de un hombre”. Tal vez sea algo tonto, pero comienzo a imaginar de lo que sería capaz solo sin ayuda de nadie:
¿sería capaz de dar la vida por defender a mi familia?
¿sería capaz de dejarme de comprar algo para ver disfrutar a mis hijos?
¿sería capaz de quedarme sin comer para que mis hijos comieran?
¿sería capaz de trabajar horas extras para lograr el bienestar de los que dependen de mí?
¿podría dedicarle unas horas a mis hijos o a mi esposa para hacerlos pasar un buen rato?
¿podría aguantar las tempestades para ver un lindo amanecer?
¿podría caminar por días enteros para buscar a mis hijos y a mi esposa?

Considero que todos contestaríamos que si, entonces ¿somos o no somos valientes? ¿tenemos realmente el valor para hacer las cosas y provocar un cambio?

No debemos olvidar que la fuerza que cada uno de nosotros tenemos en nuestro ser es indescriptible, solo hay que recordar que tenemos “la fuerza de un solo hombre”

Entonces pues, adelante, sacudámonos el fracaso, el miedo y el infortunio, tomemos nuestra carga diaria y afrontemos los problemas como unos hombres y mujeres valientes.

Hasta la próxima.

"Los artículos son responsabilidad de quien escribe."

Retirada…”nada”

Comienza la semana, como todos los lunes y más después de un largo fin de semana nos encontramos nuevamente con el reto de vencer cinco días para llegar al siguiente fin de semana.
Los temas por concluir o abordar los tenemos frescos, tal vez por que en algún momento del fin de semana nos pusimos a pensar en ellos.

Buen momento para disernir entre lo urgente e importante que tenemos por hacer. Es un buen momento para planear en beneficio de nuestra semana.

Tratar de sacar el mayor provecho de esta semana que comienza solo lo haremos posible con la planeación, disernir entre lo urgente e importante debe ser el reto.

Actuar en lugar de lamentarnos debe ser la misión.

Y como dijera un estratega de la guerra. ¡RETIRADA…NADA!

"Los artículos son responsabilidad de quien escribe."

Y cuando creía que lo dominaba todo…

Es verdad que tratar con cualquier tipo de dependencia gubernamental trae consigo sus problemas. Nunca podemos estar 100% seguros que vamos a ganar algún asunto.

Cuando estamos casi seguros que todo va a salir bien, vemos el embate de las autoridades que no perdonan ni un solo movimiento.
Las autoridades trabajan con la premisa de que “todos estamos robando”, ¿pero a quién?, considero que lo que nosotros hacemos simplemente es un instinto de supervivencia.

Si tenemos registrado algún concepto en la contabilidad, cumpliendo los requisitos del artículo 28 del Código Fiscal de la Federación, no es suficiente, si la autoridad tiene medios para tratar de desvirtuar la veracidad de algún acto, tengan la seguridad que lo hará.

Las cuestiones fiscales cada vez se complican más, ahora no solo revisan al contribuyente, sino que realizan compulsas para tratar de desvirtuar los hechos que se plasmaron en la contabilidad.

¿miedo? no ¡pavor!, si, efectivamente con tanta malicia ejercida por los funcionarios públicos debemos tratar de sobrevivir de la mejor manera.

Solo espero que también como nosotros nos complicamos la vida, ellos también lo harán, la maldad se comerá a si misma y espero que podamos sobrevivir en este pais de reglas.

En unas semanas espero estar comentando sobre la supervivencia de este momento, se que solo sobrevivirá el más apto…espero ser yo.

Hasta la próxima.

"Los artículos son responsabilidad de quien escribe."

Cosas pequeñas.

En algún momento de nuestra ajetreada realidad creemos que nuestra situación se resolverá con grandes esfuerzos o con enormes cambios; como es obvio, pensar en la montaña que debemos franquear para llegar al valle de la felicidad nos agota mucho antes de dar el primer paso. Se nos olvida que las pequeñas gotas de agua forman al gran oceano, un pequeño descanso reestablece las fuerzas perdidas, un día a la vez se construye la vida y cada día está formado sólo por pequeños instantes, un kilito menos disminuye mucho la asfixia del pantalón, un pequeño beso expresa un gran amor, una sonrisita nutre al alma que es infinita, una palabra es pan para muchos, un hombre decidido es una multitud, ¡sí! un pequeño esfuerzo inicia un gran cambio.

Ãnimo, no es necesario cambiarlo todo hoy, empecemos por algo pequeño.

"Los artículos son responsabilidad de quien escribe."

La muela.

El miércoles pasado, por la noche, estuve en el consultorio del dentista, me arregló una muela de la que se me rompió un pedazo, decir que era una muela es un poco exagerado, en realidad se trataba ya de una muela remendada en la que me faltaba un buen pedazo desde hace tiempo. Mientras escuchaba la “música†aguda del taladro que eliminaba la amalgama y viendo hacia un molesto foco en el techo del consultorio me acordé de la ocasión en que mi muela se partió originalmente… tenía 15 años y nos llevaron a un torneo de Taekwondo en el puerto de Veracruz, hablo en plural porque viajaron conmigo mi hermano y un primo, confieso que yo era un renegado practicante de taekwondo pero, al ser el mayor de los tres, no tenía opción para faltar. Por mi edad entré en una categoría de 15 a 18 años. De alguna desafortunada manera, a pesar de mis escasas facultades en el arte marcial, había conseguido la cinta roja y eso me hacía competir contra cintas avanzadas, mi peso tampoco me ayudaba por lo que mis contrincantes, mayores que yo, eran unos verdaderos roperos vestidos con pijama blanca.

Ya en el torneo llegó el momento de mi primer y último combate, en la esquina un profesor que fungía como mi coach me ayudó a ponerme el peto y me dijo “adelante†como única indicación para entrar al área, el réferi nos llamó al centro e hicimos el saludo de rigor a los jueces. Una vez que recibimos las indicaciones de cajón, como no se permiten golpes bajos y esas cosas que no escuchas por los nervios, el referí levantó su mano, que nos dividía a mi oponente y a mí, cuando sin darme cuenta cómo mi siguiente visión fue el piso del área de combate, me levanté aturdido y me dirigí hacia mi silla escuchando la cuenta de protección y un “ooouuu†del público. Mi coach me dijo algo que me sorprendió “te pateó†(pensé que diría “te atropelló un trenâ€) y luego me dio una muy pensada estrategia: “patéaloâ€. Acabada la cuenta de diez el réferi me llamó al centro del área, entonces, levantó una vez más su mano, para dar inicio al combate, y simultáneamente veo que mi oponente se gira, lo que me alegró momentáneamente, pero siguió el giro para darme una nueva patada en el lado derecho de la cara, fin de mi felicidad, toda mi vapuleada humanidad visitó nuevamente el piso, con rebote de cabeza en el piso incluida. Supongo que en las gradas se encontraba el compositor de la famosa canción de Paquita la del barrio y se inspiró en mi combate, pues mi contrincante tres veces me engañó. Después de tres caídas, obviamente, perdí por knock-out técnico y se suspendió el combate, luego de quitarme el peto de protección me dirigí al baño del gimnasio tembloroso pero fingiendo calma, cuando me miré al espejo empecé a llorar y escupí un pedazo de muela en el lavabo, hasta ese momento asimilé lo que había pasado, me acerqué con las manos abajo y mi oponente me pegó tres patadas de giro en mi desprotegida cara, así se escribió la historia del capítulo de mi vida conocido como “la masacre jarochaâ€. Sin duda me enfrenté a un buen oponente, pero también me di cuenta de que yo fui un contrincante de la misma condición que un saco de boxeo. Una dura lección aprendí: no se avanza al combate sin subir la guardia.

Ahora, cada vez que enfrento una situación de riesgo subo la guardia, metafóricamente hablando, prefiero prepararme de más que sufrir los estragos de las “patadas†inesperadas. Invertir un poco de tiempo en la preparación (subir la guardia) hace una gran diferencia llegado el momento de enfrentar las circunstancias difíciles. En la semana que pasó recibí la visita de un cliente que me tuvo con la guardia arriba, recibí una que otra “patada†pero no perdí ninguna muela.

En el momento en que escribo esto estoy visualizando lo que viene para la próxima semana, tratando de detectar los momentos por los que tengo que prepararme, sin olvidar también que existirán otros momentos en los que no debo subir la guardia buscando acercarme a los demás con la confianza que fomenta la comunicación y permite dar y recibir ayuda, apoyo, cariño y comprensión, es decir, buscando construir relaciones sanas y fructíferas. Distinguir correctamente los momentos en los que subir y en los que bajar la guardia es fruto de una sabiduría que espero poder alcanzar.

Ãnimo, no te canses de subir y de bajar la guardia.

"Los artículos son responsabilidad de quien escribe."

CUANDO EL FISCO TE ALCANCE…

Coincido con muchos que la inseguridad que vivimos actualmente es un mal que afecta a nuestro país. Pero ese no es el único mal, ni es el que nos ha aquejado en los últimos años.

Todos los que nos dedicamos a una actividad económica hemos vivido desde hace muchos años con la inseguridad que nos dan las autoridades fiscales, pero más aún algunos servidores públicos que se desempeñan en el área fiscal ya sea federal, estatal y municipal.

Si por algún motivo el fisco nos emite una orden de visita (auditoría), no hay otra cosa que hacer o sentir más que asustarse por todo lo que viene de la mano con este acto de autoridad.

He pasado años en esto y no entiendo todavía en que concepto nos tienen las autoridades fiscales a todos los que contribuimos de alguna u otra forma, generando empleos, pagando contribuciones, haciendo crecer a este lastimado país. Cuando acaben con toda la iniciativa privada ¿quién pagará sus sueldos?

Escribo esto por que cuando me entrevisto con los servidores públicos generalmente toman una actitud de tratar con personas que delinquen de alguna u otra manera, claro, de antemano saben que como somos las personas que generamente actuamos de una manera pacífica y respetando siempre la esfera del derecho, pueden amedentrarnos con comentarios infundados, inciertos, hirintes y sarcásticos por que de ellos depende la determinación de contribuciones omitidas, multas, recargos y mil cosas más. Y nosotros tenemos miedo de perder lo poco o mucho que hemos hecho con nuestro trabajo.

Ellos saben que jamás vamos a hacer nada, a lo sumo trataremos de interponer algún juicio fiscal, y automáticamente queda fuera de su departamento, los que perderían serían los abogados de su dependencia, no ellos. Yo me pregunto, ¿reaccionan de la misma forma con delincuentes o contrabandistas? ¿son de la misma forma sarcásticos, hirientes, agresivos y absolutos? ¿tendrán el mismo valor si trataran con personas que pudieran provocarles algún daño a ellos o a sus seres queridos? ¿su investidura de servidores públicos los hace inmunes a los atropellos, injusticias, inseguridad y violencia?

No escribo estas líneas con miedo, he tratado esto todos los días desde hace ya 20 años, he entrado y salido de cientos de oficinas públicas acompañando o representando a algún contribuyente. He estado de esta línea de los particulares afectados, me he frustrado, enojado, despojado, he sido objeto de burlas y humillado.

Hoy he decidido sin dejar de ser educado, ser valiente, no tener miedo, enfrentar a estas autoridades con la seguridad de las leyes, no permitir jamás atropellos ni comentarios que dejen en claro que somos unos infractores de la ley, no permitir que me despojen o que despojen a los que represento de lo que han hecho con su esfuerzo diario. ¿Debería estar armado o ser un delincuente para ser respetado?, de joven fuí un idealista, de viejo seré valiente.

¿Tú que vas a hacer para combatir a los malos servidores públicos?

"Los artículos son responsabilidad de quien escribe."

Los hombres esponja.

Todos los que recibimos órdenes y en su momento también las dictamos sabemos que existen diferentes reacciones para los que las acatan y obedecen.

He detectado a los que llamo “hombres o mujeres esponjas” que son quienes tienen una gran capacidad de aguantar comentarios, ataques y regaños por parte de sus jefes, me admira esa capacidad tan grande de solo quedarte viendo a los ojos como diciéndote ¿ya acabaste? -Por que puedo aguantar esto y más.

Es verdad que al principio te desahogas por que sabes que jamás van a reaccionar, pero también te das cuenta que son personas que como aguantan todo tampoco hacen las cosas, pero eso sí pasan las horas pensando que tipo de pretexto te van a decir para dejarte peor de como los dejas a ellos, respuestas como:

-Jamás me llegó el mail.
-Es que nadie me dijo.
-Estaba esperando a que llegara (¿y el chat, el facebook, el twiter, el celular o el mail?)
-No me lo pasaron.
-No me dieron las cosas.
-Yo pense que usted lo iba a hacer.
-No le dije nada por que sabía que se iba a molestar. (adivino)
-Es que estaba muy ocupado. (si vengo a trabajar es por que no tengo nada que hacer)

Con el paso del tiempo como una esponja van acumulando odio, resentimiento, mala actitud y un día si decir agua va, se exprimen y sacan todo lo que llevan dentro, provocando un caos.

El 90% de las cosas que no se realizan es por que pasamos el 90% del tiempo que tenemos para hacer la tarea pensando en un buen pretexto que indique por que no hicimos las cosas.

Si tan solo esas personas pudieran cambiar su actitud, se volverían personas muy valiosas, deben mostrarse como son, sin temor a perder el trabajo. Actitud es lo que se necesita, no aptitud.

Ojalá los “hombres esponja” pasaran ese 90% pensando como realizar la tarea aunque fracasaran, finalmente el fracaso es la madre del éxito.

Un cambio de actitud significa salir de nuestro propio medio y hacer que las cosas sucedan, eso es lo que separa a un hombre de éxito de un “hombre esponja”

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