Amigos.
In memoriam.
“nada humano
nos es ajenoâ€, y nada divino ha dejado
de sernos regalado.
P. Julián Fernández de Gaceo, svd
Hace unas horas, por la tarde, me llamó por teléfono un gran amigo para informarme sobre la muerte del Padre Julián Fernández de Gaceo, svd, “el Padre Juliánâ€, mi amigo consideró que yo querrÃa enterarme de ese lamentable suceso, tenÃa razón y le agradezco su llamada.
El Padre Julián, es un sacerdote Misionero del Verbo Divino, con el que convivà un solo dÃa, 17 horas para ser exactos, y sin embargo puedo decir que disfruté de su amistad y se convirtió en un maestro para mi de esos que, con una sola lección, nos hacen mejores personas y transforman nuestras vidas.
El Padre Julián y yo nos conocimos en un momento muy complicado de explicar pero que requirió de nuestra participación, en ese sólo dÃa pude saber que erÇa originario de Navarra, España, supe que lo habÃan operado del corazón, en el Instituto de CardiologÃa del D.F., y que le habÃan colocado una válvula mitral por la que tenÃa que tomar anticoagulantes, los mismos que ese dÃa olvidó por preocuparse más de “las cosas de Dios y de su justiciaâ€, y yo lo acompañé a comprarlos. Disfruté de su entusiasmo, y me platicó que su convento estaba ubicado muy cerca de Coyoacán, me enteré de su devoción al Santo Rosario porque, apenas se habÃa subido a mi coche, me entregó uno de cuendas azules para que lo colocara en mi espejo retrovisor. Hasta hoy me entero de que viajé al lado de un eminente estudioso de la Biblia y destacado escritor y editor católico. Sin embargo desde ese dÃa supe, con su vida, que viajaba al lado de un hombre bueno, sencillo y valiente, con esa fuerza que proyecta quien lleva la luz de Cristo en su interior.
Un detalle que me sorprendió fue el que tuvo justo antes de que iniciaramos nuestro pequeño viaje: el Padre Julián pidió la bendición a la esposa y al hermano de un amigo que tenemos en común, ambos también nuestros amigos, no entendà ese dÃa por qué solicitaba bendiciones cuando se suponÃa que él era quien daba bendiciones a los demás, hoy entiendo que la bendición de los amigos es muy grande, el Padre Julián lo sabÃa y bendijo con su amistad a los que lo conocimos. Ese dÃa vi claramente cómo se puede hacer vida la Palabra de Dios. El Padre Julián, un enamorado del Verbo Divino, me dejó muy claro que “nadie puede decir que ama a Dios, a quien no ve, si no ama a sus hermanos a quienes veâ€. Descanse en paz.

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