19/07/2010
escrito por admin
Culpa. Ese es el sentimiento que me asalta cada vez que vivo un dÃa “improductivo”, de esos en los que el alma se regocija y en los que uno no quiere que pase el tiempo, me llegan de pronto a la mente las palabras de mi abuelo que decÃa: “yo todo el tiempo estoy trabajando, siempre estoy pensando en mi negocio”… Confieso que desde hace unos tres años, cada fin de semana y en mis vacaciones, me desconecto de mi trabajo, vivo improductivamente y feliz. Sobre el consejo de mi abuelo he decidido seguir el consejo de “afilar la sierra”, como decÃa Lincoln, “si tengo tres horas para cortar un árbol, usaré una para afilar la sierra”.
A pesar de la culpa considero que gracias a que he decidido hacer mi vida parcialmente improductiva he podido crecer en otros sentidos que me hacen muy feliz: platico más con mi esposa, desayuno muy sabroso con mis hijos y los llevo a nadar, canto en el coro de la iglesia, cultivo un pequeño jardÃn, voy al cine con mi familia, hago más ejercicio… en esos dÃas me llevo la vida con calma, mucha calma, mis actividades son todas improductivas pero regocijantes.
Ya cuando estoy a punto de volver a empezar la semana, el domingo por la noche, me invade la culpa que me dejó mi educación y que promueve la vida moderna, pero tengo las pilas recargadas para enfrentar toda clase de situaciones productivas (no siempre agradables) en la semana. Termino con un verso que recuerdo mucho en estos dÃas: “Es tarde,/voy sin prisa por la vida…/ y mi risa es alegre,/aunque no niego que llevo prisa.”
Ãnimo, no se rindan (tambien se vale descansar).
"Los artículos son responsabilidad de quien escribe."
01/07/2010
escrito por admin
En su libro “El talento nunca es suficiente”, John C. Maxwell dice que el talento nos da las herramientas para conseguir nuestras metas, pero la persistencia nos impulsa para llegar hasta el final del camino. Calvin Coolidge dijo que “nada es más común que los hombres talentosos sin éxito… sólo la persistencia y la determinación son omnipotentes”. Santo Tomás de Aquino escribió que “la Persistencia es una virtud entre la molicie y la obstinación”, un hombre muelle es aquel que no se mueve porque está rendido antes de empezar y un obstinado no sabe cuando abandonar una causa inútil.
Dicen que la principal diferencia entre un hombre que fracasa y otro que triunfa es que, el segundo, no cede a la tentación de rendirse, persiste. Debo confesarles que casi no pasa un dÃa sin que sienta unos deseos enormes de mandar todo a volar, me encantarÃa instalarme en un eterno fin de semana y no tener que enfrentar los problemas, las urgencias, las injusticias, los reclamos, los imprevistos, a la gente dificultosa, a los destructivos, a los deshonestos, a los traidores, a los flojos y a los “amarra navajas”; muy comunmente estoy a punto de tirar la toalla ante mis defectos y mis incapacidades, ante mis limitaciones y mis miedos, ante mis traumas y mis inseguridades… casi no hay un sólo dÃa en que no me acueste pidiendo a Dios un poco más de fuerza para no ceder a la tentación de rendirme, antes de dormir paso a la recámara de mis hijos y, después de darles un beso en la frente mientras duermen, les digo despacito: “no te rindas nunca”, a la mañana siguiente cuando los veo salir rumbo a la escuela me digo a mi mismo: “si ellos no se rinden, yo tampoco”. Año con año me doy cuenta del poder de persistir, un paso tras otro se avanza y sin sentir se han completado muchas cosas. Admiro a todas las personas que dÃa con dÃa se levantan a sus labores y, persistiendo, hacen de este mundo un mejor lugar para vivir.
Hoy te pido que no te rindas, persiste. ¡Ãnimo!, los milagros ocurren cada dÃa.
"Los artículos son responsabilidad de quien escribe."