Hacer el bien.
Cuando tengo momentos de pesimismo, angustia, coraje, me detengo a pensar si es que vale la pena seguir en el camino tratando de hacer las cosas bien, no prestándose a realizar algún acto indebido ni tener alguna conducta que pueda perjudicar a otra persona.
En el desarrollo de mi actividad profesional me encuentro siempre con situaciones que sugieren un cambio de estrategia en la vida, a tratar de volverse de la misma manera de la que venimos huyendo a tratar de pasar a toda costa y que caiga quien caiga, y es cuando aveces me pregunto si existe gente buena en la tierra. Déjenme contarles algo que me pasó este viernes:
Salia de una comida muy agradable con toda mi familia, me dirigÃa a mi casa ya era noche. Al llegar y después de haber guardado mi automovil salà como todas las noches a darle de comer a mis perros, pero cual serÃa mi sorpresa que cuando salà al jardÃn ya no estaban. Al recorrer el jardÃn me pude dar cuenta que el jardinero habÃa dejado abierta la puerta y mis perros habÃan escapado.
Me puse una chamarra y salà con uno de mis hijos a buscarlos a la calle, sin éxito, pero me encontre al velador de la calle donde vivo y me comentó que habÃa pasado un joven preguntando si eran de ahà dos perros y que si alguien preguntaba por ellos le dijera que los habÃa dejado en depósito en la veterinaria del centro comercial.
Incrédulo de ese comentario salà a en mi coche al centro comercial, eran ya como las 10:00 de la noche, pense que no iba a estar abierta la veterinaria, pero cuando llegué estaba abierta la verdad me asombre, posteriormente pregunté al doctor si habÃan depositado ahà a dos perros, me dijo que sÃ, que un joven los dejó en depósito pero que tuvo que firmar un pagaré y dejar su identificación, por lo que no me los podÃa dar hasta que llegara el joven. Procedió el doctor a llamarle al joven y llegó en diez minutos.
Al verlo, lo primero que le dije fué “muchas gracias” por haber recuperado a mis pérros, después lo obligado ¿oye te debo algo?, pensé que iba a pedirme una recompensa, pero me dijo que no, que no era nada, que lo único que me pedÃa era que si yo encontraba un perro extraviado no lo dejara ahà por que lo podÃan atropellar.
La verdad me quedé perplejo (por no decir otra palabra), me sacudió terriblemente su actitud, habÃa firmado un pagaré, habÃa dejado su credencial de elector y habÃa caminado una hora preguntando en las casa y establecimientos cercanos si alguien era el dueño, no lo pude creer, y hasta la fecha no lo puedo creer, actuó de una manera que hasta la fecha la recuerdo y me deja un gran sabor de boca.
Que bueno que todavÃa existen personas con principios y muy amables, que bueno que me topé con ella y que bueno que no me he alejado del camino. Ojalá en el camino de la vida me siga encontrando a este tipo de personas y ojalá alguien me encuentre, por que también debo seguir haciendo favores…
Hasta la próxima.

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