La ley de la pérdida del cerebro (parte 2)
A pesar de que existen infinitas posibilidades para estar en riesgo de ser vÃctimas de la ley de la pérdida del cerebro, existen elementos que normalmente se presentan en todos los casos de la “pérdida del cerebro” y que nos ayudan a identificarla: 1. La presencia de una oportunidad “única” que nadie más ha visto, sólo tu. La pérdida de cerebro afecta al comprar o al vender algo, al invertir, al prestar dinero o alguna cosa, al rebajar el precio de un servicio por la promesa de más negocios en el futuro. Todos podemos caer en esta situación y no podrÃa decir que existan condiciones personales que sean atenuantes del riesgo, he conocido a personas con experiencia e inteligencia comprobada que han sido vÃctimas de esta ley. La ambición es lo que nos hace vulnerables asà como el deseo de ganarle a los demás rebasándolos por el acotamiento; si entendiéramos que todos los negocios son buenos pero todos los negocios son difÃciles, como decÃa mi padre, tendrÃamos una protección adicional contra este mal. Ten cuidado, “no todo lo que brilla es oro”.
2. Un elemento de confianza, es decir, algo que le da seriedad al trato como un precio casi normal a pesar de que el plazo es increÃble, o la tarjeta de presentación o el uniforme que coincide con la procedencia del lote de mercancÃa que está en rebaja, o la escritura de propiedad con el nombre exacto de la identificación del vendedor (¿para qué verificar en el registro público de la propiedad si la casa está hipotecada?), o la evidencia de un negocio futuro que hace de esa persona el cliente que nadie más ha descubierto, o el hecho de que es tu amigo o familiar y no te va a fallar.
3. La simpatÃa espontánea, el vendedor o comprador te dice de muchas formas que ha descubierto tu potencial e inteligencia y que “le simpatizas inexplicablemente” y sólo por eso te concede la oportunidad de venderte o de comprarte algo.
4. Un elemento de presión, como podrÃa ser un tiempo limitado (”si mañana me autorizan el préstamo ya no lo voy a vender”) o un comprador alternativo que ya ofreció lo mismo o más que tu pero quiere unos dÃas más, o una relación de amistad o parentesco que te presiona (”si tu padre viviera él me prestarÃa el dinero”)
5. El reconocimiento final a tu inteligencia, por ejemplo una rebaja última que lograste casi sin querer o un plazo extra o, en el caso de una venta, el adelanto de alguna mensualidad que te hace un magnÃfico negociador, o una tasa especial que sólo se otorga a los grandes inversionistas y a aquellos que se arriesgan a pedirla.

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